Tiempo estimado de lectura:
11/12/2018

El “paracaidista” contra la “burbuja”

El empresario Juan Sartori dispuso varios ómnibus para llenar el teatro Metro  y lanzar su candidatura por el Partido Nacional con críticas a la vieja política.

Acarreados en omnibus de excursión, los "militantes" aplaudieron todo el discurso de Juan Sartori. Foto: Sudestada. 

Fabián Werner / Sudestada / @fwernerv

“Yo soy Juan Sartori”, fue lo primero que dijo al subir al escenario. El lanzamiento de la precandidatura presidencial del empresario de 37 años, este martes 11 en el teatro Metro de Montevideo, hizo recordar a la parábola bíblica de los vinos nuevos en odres viejos. Un joven “outsider” de la política que intenta insertarse en uno de los partidos fundacionales, donde genera -hasta ahora- más rechazos que respaldos.

Esa relación ambigua flotó en el aire durante toda la noche, en la que los símbolos del Partido Nacional estuvieron casi ausentes. Apenas un pequeño escudo en el atril del candidato y unas franjas blancas y celestes en las pantallas cuando ya se había terminado el acto, fueron las únicas alusiones. Ni Aparicio, ni Herrera, ni Wilson. Ni ninguno de los actuales líderes blancos se hizo presente o fue nombrado.

Solo la presidenta del Directorio nacionalista, Beatriz Argimón, recibió una mención de Sartori, quien le agradeció haberlo recibido el pasado viernes 29 para oficializar su decisión de pugnar por la candidatura blanca. Un síntoma de “apertura de nuestro Partido Nacional”, dijo respecto a ese gesto.

Una alusión especial y un aplauso del auditorio se dedicó al exdiputado Alem García, líder del movimiento “Todo por el pueblo” que le permitirá a Sartori presentarse a la elección interna blanca.

Y la familia también tuvo su momento en el discurso. Su madre, su hijo de dos años y su esposa Katia Rybolovleva, la hija del magnate ruso Dmitry Rybolovlev, propietario del club del fútbol francés Mónaco, quien el mes pasado fue oficialmente acusado de corrupción en Francia.


La esposa de Sartori, Katia Rybolovleva, estuvo en primera fila junto a su hijo en el primer acto del candidato. Foto: Sudestada. 

“Yo, Juan”


El candidato recurrió varias veces a las referencias personales, casi íntimas, para presentar su candidatura. Foto: Sudestada. 

El discurso de Sartori duró 34 minutos y fue cuidadosamente leído mediante el uso de un dispositivo conocido como “Teleprompter”, que permite al expositor seguir el texto de su discurso en dos pantallas transparentes.

Este fue solo uno de los dispositivos modernos y costosos que -sin ostentaciones- usó el empresario en su primer acto: también hubo una cámara flotante que pendía de un cable sobre el auditorio, tres enormes pantallas “led” a sus espaldas y un circuito cerrado de televisión que permitía ver en ellas lo que ocurría dentro de la sala.

Estos recursos, bastante inusuales en la política uruguaya, se conjugaban con viejos vicios de los partidos orientales: gorros y boinas con el nombre del candidato, una ruidosa batucada que despidió en la calle a los asistentes al mitin y varios ómnibus de excursión que acarrearon a los asistentes desde diferentes barrios de Montevideo y los llevaron de regreso.


Al menos cinco ómnibus acarrearon público al acto del nuevo precandidato nacionalista. Foto: Sudestada. 

“Creo en una nueva forma de hacer política”, dijo Sartori, pero prefirió recurrir a viejas formas del proselitismo clásico para garantizar una sala llena. Vino nuevo en odre viejo.

El discurso tampoco tuvo demasiadas novedades, salvo las alusiones indirectas a quienes le cuestionan su falta de pertenencia al sistema político. “Uruguay está donde se encuentre un uruguayo. ¿por qué no nos podemos sentir felices de que un uruguayo haya hecho empresas? ¿que haya sido medianamente exitoso en el mundo de los negocios? ¿por qué le tenemos tanto miedo al éxito que se pone a disposición del país?”, preguntó al auditorio, pensando en sí mismo.


El auditorio llegó a las 19, hora de la convocatoria, pero tuvo que esperar hasta las 20 a que entrara el candidato. Foto: Sudestada. 

También hubo alusiones personales más directas, en primera persona, casi íntimas: “En mi casa siempre hubo mate, asado, y el fútbol no podía nunca faltar”; “yo siempre he llevado a Uruguay en mi corazón, todos los días”; y también algunas autorreferencias al estilo Donald Trump: “Yo aprendo muy rápido. Yo no creo haber logrado las pocas o muchas cosas que logré por tonto. Yo me adapto rápido, escucho, entiendo, aprendo, me dispongo a hacer las cosas y hago lo que debo hacer. Lo hago con rapidez y con dedicación”.

La burbuja y el Quijote


Una cámara sobrevolando el auditorio y grandes pantallas led. Un "show" político que se escuchó en vivo en las radios del interior y se vio por el canal VTV. Foto: Sudestada.

La falta de experiencia en actos políticos le jugó en contra en varias ocasiones al enfrentar al auditorio. Incurrió en una multicitada frase atribuida al Quijote de Cervantes que el “Manco de Lepanto” nunca escribió (“Cuando ladran los perros es señal de que estamos avanzando”, dijo), pronunció “producto” en lugar de “proyecto” político e invirtió las palabras cuando se refirió al “ Directorio del Honorable Partido Nacional”.

Tampoco se le hizo fácil enfrentar la espontaneidad del público, que en varias ocasiones lo interrumpió para reafirmar frases de su discurso. “Que no se acomoden más, mejor gestión”, se escuchó en un momento, y Sartori sonrió. “Bajá los impuestos, no mates a los trabajadores”, se oyó luego, y el candidato siguió como si no escuchara nada.

Pero el momento más incómodo de la noche fue cuando Sartori dijo que no se necesita “estructura partidaria” para ganar unas elecciones y un enfervorizado plateista gritó: “¡Bolsonaro!”. El hombre de impecable traje negro y camisa blanca sobre el escenario mostró una sonrisa nerviosa, dudó por un segundo y siguió leyendo.


Gorros "made in China" repartidos a la vieja usanza, pero con un discurso a favor de la "nueva política". Foto: Sudestada. 

“Algunos me han llamado paracaidista de la política”, se defendió al principio de las críticas internas, y cuestionó los “candados” que se quieren poner en los partidos así como los eventuales “títulos de nobleza” que se requieren para dedicarse al “servicio público”. Pero también aludió al gobierno.

En el tramo final del discurso quedó claro que Sartori quería dejar planteada una idea, con la que se lo vincula debido a su residencia fuera del país, a su familia política y a su abultada fortuna: la “burbuja”. Tres veces usó esa palabra para referirse a los actuales gobernantes, que nunca mencionó por su partido o su nombre.

“Yo no sé qué uruguay ven los que ponen el énfasis en hacer irresolubles los problemas, los conflictos. Tampoco me resulta fácil comprender a los que piensan el país desde su burbuja. Me parece que ni ven, ni oyen, ni escuchan el clamor del pueblo”, lanzó primero.

“Desde una burbuja no se puede gobernar bien al país. Por eso los problemas se vienen acumulando”, insistió de inmediato.

Al final el empresario Juan Sartori dijo que quiere liderar un movimiento para ser presidente, y dio el puntillazo final a su idea fuerza: “No permitamos que desde la burbuja siga gobernando la indiferencia”. Se quitó el saco, bajó del tablado y estuvo 30 minutos abrazando votantes. 
Si soplás con nosotros, vamos a poder contarte las cosas que nadie te cuenta.
Aliados de Sudestada