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16/07/2019

Seis organizaciones se oponen a llegada de trigo transgénico a Uruguay

“Introduce nuevos factores de riesgo al ambiente y la salud de la población”, dicen las ONG’s. Los únicos interesados son “los que se beneficiarán económicamente”
La Comisión para la Gestión del Riesgo (CGR) del Gabinete Nacional de Bioseguridad abrió un período de consulta pública para introducir el evento transgénico trigo HB4-PAT para ensayos a campo y del Instituto Nacional de Semillas (INASE).

La Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas, la Red de Agroecología del Uruguay, la Red de Huertas Comunitarias del Uruguay, la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) de Uruguay, SlowFood Uruguay y Redes - Amigos de la Tierra Uruguay manifestaron, a través de un comunicado, que “nos oponemos a la autorización del cultivo de este trigo transgénico para cualquiera de los usos propuestos”.

Estas organizaciones defensoras del ambiente señalan que “la liberación de este trigo no responde a la demanda de ningún sector de nuestra población, los únicos interesados son los que han desarrollado y se beneficiarán económicamente con el uso de esta tecnología”.

“Además de los dudosos beneficios que traería a la solución de un problema que no es importante para el cultivo de trigo en nuestro país (la sequía), este trigo no tendrá mercado dado el rechazo que provoca en los consumidores y la poca utilidad que le asignan los productores. Lo que el mundo demanda es una forma de producir respetuosa del ambiente y que brinde alimentos sanos de alta calidad. Este trigo no aporta a ninguna de estas cualidades”
, sostienen estas ONG’s.

La variedad HB4-PAT fue desarrollada por la empresa argentina de biotecnología Bioceres, a través de Trigall Genetics, una alianza comercial con el grupo empresarial francés Florimond Desprez que se instaló en América del Sur con la finalidad de desarrollar y comercializar variedades de trigo con biotecnología. 

Con la tecnología HB4 las plantas tienen una tolerancia superior en períodos de sequía y un rendimiento mucho mayor. Como diferencial, este gen mejora la capacidad de adaptación de las plantas a situaciones de estrés, sin afectar su productividad, asegura la empresa Bioceres.

La organizaciones ambientalistas también sostienen que este trigo transgénico, a estudio del gobierno, “introduce nuevos factores de riesgo al ambiente y la salud de nuestra población”, debido a que “más de 20 años de historia en el uso de cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas (una de las características que porta este trigo) han mostrado los efectos negativos que acarrean”.

“Entre sus consecuencias se encuentran la erosión de suelos, degradación de los ecosistemas pastoriles, contaminación de cursos de aguas, aumento de la exposición de la población (productores y consumidores) a sustancias potencialmente tóxicas”, señala el comunicado.



“Este trigo porta modificaciones genéticas que abren fundadas interrogantes acerca de su bioseguridad. Además de una serie de rearreglos genéticos con dudosas consecuencias en la expresión de nuevos factores de riesgo, la modificación genética introducida incluye varias copias de un gen de resistencia a antibióticos beta-lactámicos (penicilina y ampicilina entre otros). La posibilidad de que esta característica se exprese o se transfiera a microrganismos, aunque baja, existe y no hay ninguna necesidad de correr este riesgo”, agrega el documento elaborado por estas seis organizaciones.

Los ambientalistas afirman que este trigo “es resistente al herbicida de amplio espectro glufosinato de amonio (más tóxico que el glifosato) y sus residuos quedarán remanentes en el grano, harinas y preparados alimentarios a partir de éstas”. Además, estas semillas “favorecen el uso de paquetes tecnológicos que promueven la privatización de los recursos genéticos y el desarrollo de una agricultura insustentable que atenta contra nuestra soberanía alimentaria”.

“Los cultivos transgénicos han colaborado en el desarrollo de una agricultura concentrada en pocos actores, homogénea desde el punto de vista del manejo y privatizada en cuanto al acceso a las tecnologías. Este tipo de agricultura no beneficia a los pequeños y mediados productores que son los responsables de producir más del 70% de lo que comemos”, argumentan estas organizaciones que aseguran que “necesitamos desarrollar una agricultura sustentable, respetuosa de nuestra salud y el ambiente y que promueva nuestra soberanía alimentaria”.

“A pocos días de la reglamentación del Plan Nacional de Agroecología, la aprobación de este trigo transgénico, contravendría el espíritu de la ley votada por unanimidad de nuestros legisladores el día 11 de diciembre del 2018. Nuestro país no puede seguir dando señales tan contradictorias, debemos definir con claridad cuál es el modelo productivo que queremos desarrollar”, afirman en el comunicado.

Estas críticas se suman a las realizadas por el Espacio 567 y Casa Grande, dos sectores del Frente Amplio, que alertaron sobre el anuncio del gobierno de introducir trigo transgénico. Ambos sectores le solicitaron al Poder Ejecutivo y al Parlamento poner “la salud de la población y la conservación del ambiente por sobre intereses de grupos económicos”. 

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