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14/04/2019

Dolores luce reconstruida a tres años del tornado pero persisten secuelas psicológicas

Aulas clavadas al piso, padres que se llevan a sus hijos de clase en los días nublados y una sensación de alerta “constante”, son algunas de las consecuencias que dejó el fenómeno

A tres años del tornado, las huellas materiales de la destrucción siguen presentes, aunque de forma mínima. Foto: Irina Wilson

Dante Morales / Sudestada

“Mi hijo tenía tres años cuando pasó. Hasta hoy sigue dibujando tornados”.
La frase resume una idea que flota, densa, entre los habitantes de Dolores, en el departamento de Soriano. A tres años del tornado que arrasó buena parte de la ciudad, la reconstrucción material está muy avanzada. 
 
Además, los locales siguen profundamente agradecidos con las muestras de solidaridad que surgieron de todas partes del país. Y como elemento extra, la catástrofe climática reveló una especie de idiosincrasia doloreña que varios actores de la ciudad la definen como la resiliencia de su pueblo para salir adelante.

Sin embargo, el daño psicológico de una tragedia que tuvo 7 mil víctimas (cinco de ellas fatales) y afectó casi el 40% de la ciudad, con 1.400 viviendas y edificios destruidos o para demoler, es un efecto que aún sigue presente y que faltan años para superarlo.

Es precisamente allí donde gobernantes, educadores, empresarios y ciudadanos de Dolores coinciden: la pata psicológica es el gran debe a ser atendido que dejó la tragedia. Los ejemplos abundan: padres que no mandan a sus hijos a clase si el día está nublado o si pronostican temporal, chequeos constantes al pronóstico meteorológico, familias enteras que siguen yendo a terapia o edificios amurados al suelo como protección extra son solo algunos de ellos.


Los clubes deportivos y culturales han quedado en el olvido del gobierno central, se quejan los locales. Foto: Irina Wilson.

En términos visuales, la ciudad de Dolores está nueva: se aprecia el pasaje del tornado precisamente por las edificaciones reconstruidas o remodeladas, como el histórico Liceo Nº 1, en plena plaza central de la ciudad. Para muchos doloreños, la ciudad está quedando “hasta más linda” de lo que era antes de los cuatro minutos fatales del 16 de abril de 2016.

Pero hay heridas abiertas. No se ven, pero se sienten. Hay gente que prefiere no hablar del tema y otros que advierten una falta de asistencia psicológica para una sociedad que, coinciden, quedó muy afectada. 

Reconstruyamos Dolores


Eduardo Umpierrez, presidente de Reconstruyamos Dolores. Foto: Irina Wilson.

La asociación sin fines de lucro surgió casi de un día para otro. A impulso de varios individuos de Dolores que entendieron que tenían que hacer algo por su pueblo. Es quizás el ejemplo patente de una idiosincrasia de la cual los locales se sienten orgullosos.

“En otros lugares quizás se quedaban esperando a ver qué hacía el Estado por ellos. Acá nadie esperó por el gobierno”, dijo a Sudestada Eduardo Umpierrez, presidente de la asociación Reconstruyamos Dolores. Para Umpierrez la secuela psicológica existe y lo ve desde un lado muy personal. “Mi hijo sigue dibujando tornados hasta hoy”, comentó, aunque entiende que en términos generales Dolores “ya dio vuelta la página” y que ahora resta “mirar para adelante”.

“Siempre salís y ves vestigios, a una cuadra de mi casa hay un galpón que se derrumbó y murió una persona. Lo veo todos los días, pero no podemos quedarnos ahí, hay que reconstruirlo, hay que seguir hacia adelante. Tampoco se puede olvidar”, explicó.

“Quedan cosas por hacer, como replantar árboles, que el tornado arrancó mas de 800, y reconstruir algunos edificios como el emblemático teatro Paz y Unión o los clubes deportivos”, señaló.

Umpierrez indicó que Reconstruyamos Dolores trabaja en el replantado de árboles así como en varios casos individuales de gente con problemas edilicios, en algunos casos sin vinculación con la tragedia.

Hasta ahora, esta asociación recibió más de 76 mil dólares 215 mil pesos en donaciones, según los datos publicados en la página web. Aldo Charbonnier integró Reconstruyamos y fue el encargado del área de eventos. Un área clave que buscó entretener a la gente de la ciudad y en particular a los niños, para hacer más llevaderas las primeras semanas posteriores al tornado.

“Sumamos psicólogos que nos cambiaron bastante la perspectiva que teníamos. Queríamos retrasar el inicio del baby fútbol y nos dijeron que todo lo contrario, había que adelantarlo porque los niños no tenían casa”, explicó Charbonnier.

“La parte psicológica es el gran debe. Es la parte intangible del tema. Todo lo que es estructura prácticamente se ha reconstruido y en muchos aspectos Dolores está mejor, pero en la parte psicológica faltó y falta mucho. Hubo instituciones que prometieron más profesionales y eso no se cumplió. No sequé pasó en esa parte, pero es un gran debe. Mucha gente aún está mandando a sus hijos a terapia”, sostuvo.

Las secuelas


Mariel Bazán, directora del Liceo Nº1 de Dolores. Foto Irina Wilson.

Mariel Bazánes es una mujer enérgica y flaca que no para de moverse mientras habla. Su trabajo se lo exige. Es la directora del Liceo Nº 1 de Dolores y debe atender la problemática y el diario andar de un centro que atiende a más de 1.200 estudiantes en tres turnos.

Bazán estaba en el liceo cuando pasó el tornado. Se llevó el techo y buena parte del tercer piso del edificio, pero por suerte no hubo heridos. A los 15 días después del tornado, tanto su liceo como el Nº 2 estaban funcionando en unas aulas provisorias montadas en contenedores en otra parte de la ciudad. Si bien les aseguraron que eran estructuras muy seguras, en Dolores prefirieron clavarlas al suelo en caso de que viniese otro tornado.

Las aulas provisorias siguen funcionando: recién este año el Liceo N° 1 abrió sus puertas, pero a finales de marzo y sin ceremonia de reinauguración. El Liceo N° 2 sigue en obras por lo que sus estudiantes y profesorado continúan usando los contenedores.

“Fue un tema de demoras burocráticas y vaya a saber que más. Lo cierto es que la obra cumplió los plazos que prometió, pero empezó muy tarde, casi dos años después”, explicó Bazán a Sudestada.

De hecho, tras el tornado el Liceo N° 1 pasó casi un año sin techo, lo que hizo que la estructura se deteriorara “aún más” y llevó a que la obra de remodelación “fuera más extensa”. Sobre las secuelas del tornado Bazán sostuvo que para ella “se necesitarán cinco años para salir del todo, por ahora vamos tres”.

“Hay secuelas que no las ves. No aparecen de hoy para mañana. Lo ves en las familias, en los chiquilines, en la gente en general, que quedan con depresiones, desesperanza, agresividad. Todo eso hay que tratarlo desde el punto de vista psicológico”, agregó.

El liceo se reconstruyó y funciona con normalidad. En el tercer piso ahora hay salones multipropósito y un aula de conferencias. No hay salones de clases en ese piso por decisión de los docentes. También es común que haya menos asistencia los días nublados o con temporal y que los padres vengan a buscar a sus hijos si el día se pone feo.

Un nombre que suena en cada conversación con los actores de la sociedad doloreña es el de María Moraes, coordinadora del litoral oeste del Ministerio de Vivienda. Ella fue la referente del ministerio en la ciudad y la coordinadora de gran parte de la reconstrucción a manos del gobierno central.

Al año de estar allí nos retiramos porque se habían construido casi 200 viviendas nuevas. Dolores quedó mejor que antes desde el punto de vista de vivienda”, sostuvo Moraes.

Resiliencia doloreña


Escombros en el teatro Paz y Unión, todavía hoy. Foto: Irina Wilson.

Entre los habitantes de Dolores existe el mismo sentimiento de que la ciudad ha mejorado, pero que las secuelas psicológicas persisten. Desde el municipio comparten esta visión (ver nota aparte) y entienden que la gente “quedó más alerta”.

Jesús Sanguinetti es taxista. Nacido y crecido en Dolores, estaba en su casa cuando pasó el tornado. A los pocos minutos ya estaba trabajando en su taxi, llevando gente al hospital y hacia sus hogares. Recuerda que era un “caos” y que la ciudad “parecía bombardeada”.

Y también entiende que las secuelas van mucho más allá del 16 de abril de 2016. “Yo caí a los 40 días, se me partía la cabeza. Voy al hospital y la doctora me dice que tengo 22 de presión y que se debe al estrés de ese día”, explicó.

Como él, varios vecinos y familiares siguen lidiando con secuelas emocionales que en algunos casos se somatizan. Uno de los casos más dolorosos fue el de una señora mayor que el tornado le destruyó la casa en la que vivió toda la vida.

Durante meses pasaba todos los días frente a los escombros. Fue internada en una residencial y falleció al tiempo.
Otro aspecto que destacan varios entrevistados es la idiosincrasia de su ciudad, que “no se queda a esperar” que otros la ayuden sino que “trabaja en equipo”. Varios lo resumen como una sociedad resiliente.

"Dolores es una ciudad muy particular, no sabemos si es por la idiosincrasia de la agricultura, hay un espíritu de trabajo en equipo muy fuerte. Creo que ahí hay una gran diferencia, hubo como un liderazgo natural de la gente. Queda un aprendizaje y una capacidad de resiliencia muy fuerte de esta sociedad. Nos tocó vivirlo y ahora hay que seguir. Nuestro objetivo en reconstruyamos es tener una ciudad mejor a la que teníamos, y creo que lo vamos teniendo”
, dijo Umpierrez.

“La gente de Dolores tiene una fuerza increíble. ¿Se cayó? Vamos a levantarlo enseguida, es una resiliencia. No somos de quedarnos llorando sobre lo que pasó o esperar a que venga ayuda”
, sostuvo Bazán.


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